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Aviso a lectores.

Este artículo sale de las entrañas de Pablo, y Pablo y sólo Pablo será el culpable de lo que dice.

Esto es un «vómito«, lo que a menudo él llama la expulsión de palabras sin previa estructura ni pensamiento. Un método que consiste en sentarse en frente del teclado y escribir lo primero que te sale de la mente.

Sin filtros.

Sin peajes.

Como Serrat hizo con «Mediterráneo». Tal cual. Vomitar el concepto de una sentada.

Y ahora dejemos de hablar en tercera persona y vayamos al meollo, que dará que hablar:

Dar la vuelta al mundo para decir que has dado la vuelta al mundo

Ayer mismo estaba buceando por Youtube cuando me encontré con un vídeo de una chica de 24 años que en poco más de año y medio había visitado TODOS los países del mundo (creo que vio Siria y Corea del Norte a lo lejos, pero vamos, me entendéis).

He visto además multitud de «viajeros» (entenderán mi entrecomillado) que parece que buscan el hito, el número, o la foto, más que el viaje en sí.

Para ellos la Ítaca de Kavafis no existe. Me explico:

Hoy en día vivimos en el mundo de la velocidad y del asombro, de las miniaturas con poses boquiabiertas en Youtube y títulos estridentes. Con un planeta que se gira en 140 caracteres.

Vivimos en una sociedad que exige cuantificar nuestro ego mediante «likes» y que te da la oportunidad de alterar tu espejo mediante la compra imaginaria de los mismos.

Abreviamos usando «q» o «ke» en lugar de «que» para ganarle al tiempo milésimas de segundos.

Porque lo queremos todo y lo queremos ahora, la inmediatez es el rey, no podemos ni mear sin aprovechar esos instantes de soledad para nosotros mismos. Instintivamente buscamos el móvil.

Tenemos que entrar en Instagram para ver cómo otra gente retoca sus imágenes con poses falsas para poder creerse que valen algo. Tenemos que inventarnos, y tenemos que mostrar, todo, continuamente, y ya.

dar-la-vuelta-al-mundo-en-ingles

Esta inmediatez y lo que comúnmente se conoce como «postureo» ha afectado a todos los sectores, y en este de los blogs de viajes, ha dado de lleno.

Ha obligado a muchos a NECESITAR contar los países que ha visitado como vara de medirse frente a otros «viajeros». Cuanto más pese el pasaporte mejor, aunque haya estado un día en cada sitio.

Esta inmediatez ha obligado a volar, rápido e inmediato, a buscar titulares clickbait sin importar el contenido.

Como por ejemplo, a buscarse una vuelta al mundo para poder decir que han dado la vuelta el mundo.

Y en este concepto profundizaré primero.

Madrid-Sydney-Madrid = Vuelta al mundo

¿Si me cojo un vuelo a Sydney desde Madrid y vuelvo «por el otro lado del globo» podría decir que he dado la vuelta al mundo?

Por supuesto.

Pero sabéis que estoy exagerando.

He visto «vueltas al mundo» de gente que ha estado en dos continentes. Sí, lo he visto, y no diré dónde.

He visto que gente ha dado la vuelta al mundo en menos tiempo de lo que dura un curso académico. Un embarazo.

He visto a gente que ha dado la vuelta al mundo sin pisar África, Europa ni Asia…en fin.

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais.

¿Todo vale para dar la vuelta al mundo?

Aquí viene mi reflexión. ¿Todo vale? Es decir, qué es para vosotros dar la vuelta al mundo?

Si hago Madrid-Sydney-Madrid es suficiente?

¿y en cambio si hago Madrid-Bangkok-Sydney-Nueva York-Madrid?

dar-la-vuelta-al-mundo-en-barco

Podéis dejar un comentario con vuestras opiniones, realmente tengo muchas ganas de conocer qué pensáis.

¿Todo vale para dar la vuelta al mundo y decir que has dado la vuelta al mundo? ¿Hay que tener en cuenta la cantidad de destinos, las experiencias vividas, el tiempo?

¿En cuánto tiempo se puede dar la vuelta al mundo?

Vale, esto es algo personal. Yo entiendo que en nueve meses puedes recorrerte España (gran parte de ella) y aprender mogollón.

Lícito.

Entiendo que nueve meses es suficiente para entender muchas culturas que se pueden compartir dentro de un continente. Varios países afines que comparten varias características en donde realmente puede uno empaparse de cosas y llevarse una idea general.

Entiendo que puedes verte el Sudeste asiático en nueve meses, que puedes recorrerte gran parte de Sudamérica en ese tiempo.

Pero el mundo es demasiado grande.

Si pisas un aeropuerto aquí y una capital por allá no me sirve para considerarte «viajero», como la chica a la que hacía referencia al principio. Lo siento.

Un empresario de una multinacional se ha dado infinitas vueltas al mundo entonces.

¿Significa que haya «viajado»?

Pueeeees maybe. Se acepta pulpo como animal de compañía.

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Qué quiero decir con todo esto

Con todo esto quiero decir que te acuerdes de Ítaca, que muchas veces lo importante es el viaje en sí, no el destino.

No pienses en que necesitas dar la vuelta al mundo para decir que has dado la vuelta al mundo, eso te costará mucho dinero y un jet lag terrible.

Puedes hacerlo si tienes una apuesta detrás como le pasaba a nuestro amigo Willy Fog.

¿Pero dar la vuelta al mundo para vender el curso de cómo dar la vuelta al mundo y vivir del cuento toda la vida?

Eso sí que no. Eso sí que no te lo compro.

Y tú…por qué viajas?

Todo esto me ha dado mucho que pensar, reflexionando sobre los motivos por los que yo viajo.

Y probablemente el titular vendría aquí dado por el nombre de nuestro blog, Aprendizaje Viajero. Yo viajo sobre todo para aprender, para sorprenderme.

Para poder comprender lo que hay más allá de la línea imaginaria que inventamos los humanos y llamamos frontera. Para poder ver de cerca las historias y aventuras que siempre leí en novelas o con las que disfruté en el cine.

Para comer rico.

También (y muy sobre todo) viajo para comer rico.

Entonces…¿con quién te metes?

No me meto con nadie, esto quiero aclararlo desde ya. Simplemente he tenido varias veces un pensamiento que me ha comido la cabeza, se me ha bajado hasta el estómago y al que siento la necesidad de vomitar aquí.

Sólo es eso.

Se me pasará en poco tiempo.