Quién es Fabrizio de André y cómo recorrimos 1.455kms para verle
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Los que bien me conozcan sabrán la pasión que siento por quien es, para mí, el mejor letrista de toda la historia.

Un músico italiano que cambió un país, dando voz a quienes no la tenían, y rescatando historias que ponen los pelos de punta a cualquiera que las escuche.

Como dijo Álvaro Alonso en el blog: “La voz grave y baritonal del cantautor es adictiva, mil veces más hermosa que la de Dylan y con una cantidad de matices que Cohen no podría ni haber soñado tener.”

Una historia increíble, de un cantautor que marcó una generación, que fue secuestrado por la mafia, y que escribió las canciones más puras que he oído en mi vida. Hablo en pasado porque tristemente falleció en 1999, pero parte de él se quedó en su ciudad por excelencia, en Génova.

Llevaba (muchos) años queriendo pisar Via del Campo, y por fin el pasado 29 de abril me acerqué con Let a Génova en nuestro paso por Cinque Terre. Tuvimos la oportunidad de pisar sus huellas, de respirar sus calles, de conocer su ciudad en persona.

Era la Meca para mi, sabia que en algún momento de mi vida tendría que pasear por Via del Campo. Allí, en el número 29, está el museo dedicado a Fabrizio de André, un pequeño templo en donde adorar sus instrumentos, vinilos, etc... parte de la historia.

Paseando por Via del Campo

Desde antes de entrar, un escrito en un muro recuerda que Faber estuvo allí, y que usaba su voz para transmitir los mensajes de la parte más necesitada de la sociedad, una clase social apartada y dejada completamente de lado.

La ciudad está muy agradecida a un hombre que desde los años sesenta estuvo presente en las canciones del país, y que luchó por dar unos derechos, una imagen, y unas historias a esa sociedad que apartaba los oídos según qué temas se hablaban.

Seguimos caminando el poco espacio que hay desde la estación principal hasta nuestro destino. Ya estábamos más cerca, no me lo podía creer.

Llevaba puesta una camiseta que me hice con su imagen y una frase característica, de quizás su canción que más me emociona, y agarrando la mano a Let seguimos caminando, con el corazón latiendo a tope.

El Museo de Fabrizio de Andrè

Al llegar a la plazoleta del número 29 vemos una placa conmemorativa con su nombre, y allí encontramos el museo (llamémosle museo pese a ser una antigua y pequeña tienda de discos que solía frecuentar).

Nada mas entrar hay un pasillo con imágenes suyas, y ya le comenzamos a escuchar. Por los altavoces suena “Andrea“, “Il cantico dei drogati“, y un par más de canciones que ahora son ya historia de la música de cantautor italiana.

Fabrizio de Andre

Fuente: Álvaro Alonso / ABC

Una vez dentro, como si fuese una iglesia, postrada en una vitrina que bien podría ser un altar está su guitarra, la misma a la que acariciaba y con la que tocó tantos años. Tiemblo.

Hay una colección preciosa de memorabilia. Nunca antes en mi vida había visto algo así.

A cada paso que doy lamento más su muerte. Hubiese pagado lo que fuese por haberle visto. Haberle mirado a los ojos.

Reliquias y recuerdos

Alrededor de una habitación, que es lo que es este museo, hay una treintena de LPs, posters, cuadros, imágenes suyas. Incluye en el centro una minitienda donde se venden desde camisetas hasta libros, gomas de borrar, sellos…

Let me regala un par de tarjetas/postales de Fabrizio de André (sabe qué imágenes suyas son mis favoritas) y las metemos en la mochila. Freno el impulso de comprar algo más porque aún nos quedarían dos semanas más de viaje (con vuelo a Albania incluido) y no podría cargar con más peso ni espacio.

Fuente: Via del Campo 29 Rosso

Hablo con la dependienta, diciéndole que vengo desde España para ver el museo y que llevo TANTO tiempo esperando este momento (todo esto en mi italiano chapurreteado, por supuesto). Se ríe, sonríe, y nos despedimos.

Le pregunto también si hay más sitios por la ciudad que pueda visitar, algo más que conmemore (o lleve el nombre) de este artista que tanto me ha enseñado e inspirado. Me señala en un mapa una calle, y allí ponemos rumbo.

Doy un último vistazo a un póster grande con todas las portadas de sus discos y suspiro. Me lamento de no poder llevarme nada más, y me despido.

Más allá de Via del Campo

La última visita antes de volver al tren es a la calle que lleva el nombre de Fabrizio de André, la que me recomendó la dependienta del museo. Una calle situada junto al acuario del puerto.Lo único que tiene es una chapa, pero bien vale mi foto y nuestro tiempo.

Salimos de Génova pero me llevo a Faber dentro de mí, sintiéndole quizás algo más cerca. Hago un “check” en mi lista mental de lugares que ver antes de morir, y con la mochila a la espalda, y mi amor a mi lado, cogemos el tren que nos llevaría hasta una de las zonas más pintorescas de todo el Mediterráneo.

En este post os contamos cómo pasamos un día en Cinque Terre.